sábado, 12 de octubre de 2013

Egoísmo

No voy a hacer una introducción más larga, solamente diré que sigo con el AoZzu... porque mierda, luego pondré una lista de razones para shippearlo pls.
Y eso, hay una pequeña advertencia, pero la pondré en la ficha. 

Título: Egoísmo
Anime: Kuroko no Basket (kurobasu en etiquetas).
Hetero y shoujo ai si quieres verlo así, o simplemente amistad.
Por lo tanto: Ships: AoZzu (Aomine&Mizzu) y MizAnn (Mizzu&Hann/yo pls/) principalmente. si es que ves la parte MizAnn como shojo ai. 
Palabras: 1238.
Disclaimer: Kurobasu no me pertenece a mí, todos los créditos a Tadatoshi Fujimaki. Y a las madres de; Mizzu, Hann y Jay.
Comentario: NO IBA A SER ASÍ. Cuando le expliqué a Mizzu lo que estaba haciendo, lo describí como un "análisis del AoZzu en forma de fic", hablando concretamente del egoísmo de ellos dos. Hice un esquema del fic en clase, apuntando las partes en las que se podía notar el egoísmo de cada uno con mayor o menor dificultad, pero creo que al final queda algo bastante obvio, junto con la "explicación" de los diferentes egoísmos entre el de Aomine y el de Mizzu.
*198, 824 yenes son 1,50 €, por lo que si no fallo, son unos 11,81 pesos.




egoísmo.
(Del lat. ego, yo, e -ismo).
1. m. Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.
2. m. Acto sugerido por esta condición personal.

Ella era egoísmo.  Era egoísta, pero únicamente con él y todo lo que él englobaba. No era un egoísmo malo, pero seguía siendo egoísmo. Y no era algo de lo que se sentía orgullosa, no mucho, al menos; sus sentimientos provocarían una rápida explosión en su cabeza. Sus sentimientos iban a acabar con ella.
Él era egoísmo, pero en una manera más amplia y sucia que ella. De por sí, él estaba mucho más manchado. No era del tipo que le veías y decías: “ese es egoísta”; su persona era discretamente avariciosa y caprichosa, pero el caso es que serlo, lo era. Con ella también, pero no abiertamente. Ni con ella, ni con nadie que pudiera significar algo en su vida vacía.
Ambos eran lo mismo, pero completamente diferentes. Y eso era lo que les hacía especiales.
___________________________
Mizzu estaba sobre su toalla, sentada, mientras ojeaba un poco el móvil. Fotos, mensajes… cualquier cosa sin mucha importancia para cualquier otra persona, pero con mucha para ella. Sabía que estaba sola, pero no quería ir con los demás a la playa. Podía ser raro, pero hoy simplemente no quería. Hann se divertía ahogando a Midorima con Takao y Jay, algo difícil teniendo en cuenta la altura que les llevaba, pero el caso es que parecía divertido. Menos para el peliverde, pero en fin: era papá perro, no importaba mucho su opinión.
Aomine estaba separado del resto, ni con Hann ni los demás, ni mucho menos con Mizzu. Prefería estar solo, y aprovechó que le entraron ganas de un helado para ir a comprarle uno a esos tipos que van paseando por la playa vendiendo bebidas frías o eso, helados.
—198,824 yenes*. ¡Muchas gracias!
Aomine sacó unos 200 yenes de su bolsillo, tendiéndoselos al vendedor sin mucha emoción, y largándose sin el cambio. Se encogió de hombros al notar la mano del vendedor en el hombro, y como este le daba el dinero. Después de eso, siguió con su paseo y Aomine se le quedó mirando.
—¿Aún existe gente así? —Se preguntó a mismo en voz alta, soltando un suspiro mientras él seguía con su caminata por la arena.
Quién sabe cómo, acabó de nuevo cerca de las toallas, echó un vistazo, esperando encontrarse a Mizzu como la dejó: mirando cosas en el móvil y sonriendo como una tonta, pero se la encontró defendiéndose de lo que, quiso pensar, eran unos simples mocosos que se acercaron a ella. Se quedó en silencio y quieto unos segundos, observando como Mizzu se las iba apañando con ellos, pero no duró mucho cuando sintió que sus piernas andaban solas. Ya estaba rodeando los hombros de Mizzu con su brazo, en un pequeño y casi inexistente abrazo, mientras miraba a los chicos, frunciendo el ceño.
—¿Qué estáis haciendo? —Preguntó, frunciendo ligeramente el ceño, pero mirándoles de la forma altiva , arqueando ligeramente el párpado inferior de sus dos ojos.
—Hey…—Uno de los chicos pegó un codazo a su compañero, nada disimulado. Ni siquiera se molestó en que lo pareciese—. Ese es….
—A-Aomine Daiki…—Ambos se irguieron de repente, poniéndose completamente rectos, como si Aomine fuera alguien del cuerpo policial o incluso algo relacionado con la milicia.
—Entonces… e-esa es... —Sintió una sacudida en la espalda, incitándole a tirarse hacia adelante o incluso caerse al suelo, pero aguantó.
—Su… ¿Novi...? —Antes de poder decir “a”, ambos salieron corriendo, levantando una nube de arena que provocó que Aomine empezara a toser, soltando a Mizu.
Se volteó de nuevo hacia los chicos, sonriendo con sorna al ver como tropezaban y caían de cara sobre la arena de la playa. Echó un vistazo hacia Mizzu, arqueando una ceja ligeramente al ver que todo esto le divertía. Es decir, no era malo, para nada, pero no era normal que alguien se riera cuando le acababan de “acosar”.
—Espera—Murmuró, poniéndose roja como un tomate—¿Han dicho que….?
—Pse—Soltó, encogiéndose de hombros. A él, personalmente, no le importaba lo que dijeran.
Soltó una risita, tapando los ojos de Mizzu con la palma de su mano, al ver que a un chico se le cayó el traje de baño, mostrando todo el trasero. Esperó a que el chico se levantara, se pusiera bien el bañador, y se largara, para soltar a Mizzu, ignorando las preguntas que ella le hacía. Arqueó una ceja, mirándola, mientras golpeaba ligeramente su cabeza, no de una forma precisamente cariñosa.

Ambos se sentaron sobre la arena. Mizzu se dedicó a hacer castillitos,  mientras que Aomine simplemente se la quedaba mirando con un notorio aburrimiento, destrozando un poco los castillos cuando su aburrimiento estaba en un punto bastante elevado, solamente para ver la cara de Mizzu al hacerlo.
Sintió como le golpearon la cabeza.
—¿Qué haces? —Preguntó, arisco. Acarició ligeramente su nuca, junto  a sus cortos mechones azul oscuro.
—No destroces mi castillo, Daiki-kun—Murmuró, frunciendo el ceño, mientras volvía a golpearle la pierna, sin contener la fuerza.
Aomine apartó su mano, sin darse tiempo ni importancia a hacerlo con cuidado o no. Incluso si era Mizzu, no iba a parar y prestarle atención a esas pequeñeces.
Mizzu dejó de prestarle atención por un momento, momento en el que, sintiéndolo por ella, se había sumergido en sus pensamientos. Mejor dicho, en sus sentimientos hacia Aomine; un océano de sensaciones que englobaban totalmente al as del baloncesto, al número 5 de la academia Too, al monstruo en la cancha. Miró hacia el mar azul, observando en silencio como los demás se divertían, ahogando a Midorima todos juntos. Eran muy importantes para ella,  estaba bien, totalmente perfecto, que interactuaran con Aomine, que incluso se llevaran bien, pero no. Algo dentro de ella no quería que se interpusieran entre Aomine y ella, cuando estaban juntos, cuando por fin podía controlar sus nervios y sus reacciones.
Y ya hemos dicho que no se siente para nada orgullosa de eso.
Suspiró al ver como Hann y Jay salían, solo ellos, del agua. Hann se paró en seco, a una distancia bastante grande de ellos. Sonrió ligeramente, sabía que, si hacia como que no la había visto, Hann se iría a otro sitio y arrastraría a Jay, quisiera o no quisiera estar con él, solo para no molestar.
Bueno, quizás Aomine era alguien muy importante para ella, pero no debía olvidar aquella personita que era tan importante como él, aquella personita que le pasaba fotos del negro durmiendo, aquella personita que sufría mucho por ellos, por su relación con Aomine, porque ella no se atrevía a dar un paso adelante, y se reprimía las ganas de reírse cuando resultaba ser tan obvia cuando estaba junto a Aomine.
Ella era consciente de todo lo que Hann sentía, la conocía muy bien.
Sonrió, levantándose y haciendo que Aomine hiciera lo mismo, estirando de él para ponerle en pie. Alzó el brazo derecho, haciéndole señas a Hann y a Jay para que se acercaran a donde estaban, y, de paso, que le ayudaran a controlar a Aomine para que no destrozara su pequeño castillo.
Su pequeño paraíso, del cual únicamente Aomine no formaba parte. Aomine, por muchos sentimientos que tuviera hacia él, no era lo único en su vida. Era algo que quería que su egoísmo entendiese.

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