Os presento a.... Hann metiéndose en el fandom de....
¡La ficha a continuación!
Titulo: Celos.
Anime: Magi.
Ship: SharrYamu.
Disclaimer: Ni Yamuraiha ni Sharr, ni Sinbad ni Jaffy ni Pisti ni blablabla me pertenecen, su mami es Ohtaka Shinobu. But~ el tipo que pone celoso a Sharr sí es mío, debía meterlo a lo random para conseguir llegar a lo que quería hacer xD.
Comentarios: Well, es la primera vez que escribo del fandom so i'm so sorry. Mi Sharrkan y mi Yamu son fails, pero me gusta meterme en el personaje y más que segui el ic, me gusta analizarlos. Por eso, a veces me trae problemas. De todos modos.... idk.
A Sharrkan nunca se le
ocurrió que uno de los tantos hombres por los que Yamuraiha mostraba
interés, acabaría por hacerle caso. Oh, vamos, Yamuraiha era la
bruja que se pasaría sola el resto de su vida. Sin gatos, porque
incluso los gatos huirían de ella. Esa es la imagen que el
espadachín tiene de la bruja; porque si alguien iba a quererla y
estar con ella, ese sería él y recibiendo un agradecimiento por
parte de Yamuraiha por su sacrificio.
Porque sí, él estaría
con Yamuraiha si no le quedaba nadie, pero era un sacrificio. Y sabía
que mentía.
Y Sharrkan siente algo
que no ha sentido nunca, hablando de su relación con la maga.
Decepción, quizás, porque se da cuenta de que otro se ha fijado en
las cosas que él únicamente veía en Yamuraiha. En las cosas buenas
y en las cosas malas. Decepción, porque el hecho de que ese tío la
haya conseguido, le aleja a él de su sacrificio. Ahora Yamuraiha se
pasea alegremente, cogida del brazo de otro hombre. Otro hombre, que
no es él. Y no, no está celoso. No puede estarlo porque sería algo
estúpido. Pero sencillamente no le cabe en la cabeza que el fin del
mundo hubiese llegado.
Nunca, nunca, se lo
hubiese esperado.
Sinbad se ríe de él y
Ja'ffar le mira como si el mejor espadachín de Sindria se tratara de
un simple y triste perro. Y vaya si le molestaba.
—No me interesa lo que
ella haga—Se excusa, cruzándose de brazos. Yamuraiha es dos años
mayor que él, y si a él ya le llovían las mujeres, una parte de él
quiere pensar que, la pobre bruja, se lo merece al fin y al cabo.
Pero en realidad no. Se
da cuenta cuando Yamu se acerca a ellos, estirando del brazo del
chico con el que anteriormente estaba paseando. Se da cuenta cuando
siente algo en el estómago que le hace querer mandar todo el diablo.
Analiza al chico, le mira de arriba a abajo sin aparente interés,
descansando los hombros. Y ahí tenemos al supuesto novio de Yamu,
tan normal que asusta. Y lo peor, es que es algo totalmente contrario
al tipo de chico que todos piensan que le gusta a la bruja, el tipo
de chico ideal que les había dado a entender a todos. A los ojos de
Sharrkan se ve como un adolescente, cuando es obvio que no lo es.
Pero tiene la edad de Yamuraiha, o quizás es unos cuantos años
menos. Dos o tres, no más.
Y eso le desconcierta.
Sharrkan
vuelve a sentir ese remolino en el estómago cuando el chico le
sonríe a Sinbad, le sonríe con tanta timidez y dulzura que parece
que le abrace. Y no le gusta eso. Por una parte quiere pensar que es
porque siente que así se ganara la aprobación de su jefe, y por la
otra es por qué no quiere imaginarse
como debe mirar a la maga.
—¿Estás
esperando a que Yamuraiha te presente o algo?—Suelta, casi con
desprecio. Pero su tono suena más a aburrimiento que otra cosa. Se
palpaba en el ambiente que al espadachín no le caía en gracia el
novio de la maga, del cual no sabía el nombre y no le interesaba ni
siquiera saberlo.
No recibía respuesta,
para variar, no del chico. Éste se limita a apartar la mirada,
tembloroso y entreabriendo los labios en un intento de lo que
Sharrkan piensa que era presentarse. Pero no. Yamuraiha decide
hacerlo ella, con su carácter fuerte que demuestra una vez más
poniendo fuerza en el agarre al brazo de su novio, y mirando al
espadachín con el ceño fruncido, con resentimiento. Y, aunque la
diferencia de altura sea notable, puesto que el metro cincuenta y
ocho de Yamuraiha no le alcanza al metro ochenta del espadachín, la
maga consigue acercarse a él sin ningún problema; costumbre, quizás
sea lo más probable. Sharrkan la mira, le mira los ojos, las
pestañas y su pequeña nariz, las pálidas mejillas y los labios
entreabiertos, preparándose para hablar. Y también los pechos,
quizás. Esos pechos que muchas veces parecía que la maga no se
molestaba en cubrir.
—¿Quieres saber cómo
se llama?
Sharrkan asiente con la
cabeza, obviando lo obvio.
—Somad. Se llama
Somad—Con gesto altivo, la maga se separa ligeramente de Sharrkan,
cruzando los bajos debajo de su pecho. Frunce el ceño de nuevo,
porque le cabrea. Le cabrea Sharrkan y su comportamiento. Le cabrea
todo pero intenta demostrarlo solo con ese leve gesto—. Y háblale
en un tono más agradable. Espadachines...
A Sharrkan la tiembla un
ceja, le tiembla porque prefiere que le tiemble eso, a tirarse encima
de la maga y arreglar el problema a su manera (que encajaba
siendo la manera de ambos). No. No delante de su supuesto novio que
sabe que va acabar poniendo a prueba.
—¿¡Algún problema
con los espadachines, fea bruja?!
La maga sonríe porque
siente que se ha salido con la suya. El espadachín le ha dado a
Yamuraiha la oportunidad que estaba esperando. Sus labios se curvan
con gracia, se vuelven algo más rojizos teniendo contacto entre
ellos en un mero gesto lleno de diversión y orgullo.
Y aunque no quiere
admitirlo, Sharrkan sabe que de esos gestos no puede salir nada
bueno.
—No me pasa nada.
Somad es bueno en las espadas—Sonríe, devolviéndole a Sharr la
mirada altiva que anteriormente él le había dedicado a su novio.
Sonríe, porque conoce a Sharrkan y sabe que le ha picado.
Y porque conoce a
Sharrkan, no se sorprende al ver la sonrisa divertida en sus labios.
No se sorprende cuando éste carga su espada señalando a Somad.
Sharrkan blande el arma en al aire con maestría, maestría que
Yamuraiha sabe que el espadachín tiene, no por nada es uno de los
ocho generales. La maga sabe el objetivo del moreno: retar al otro
espadachín. Chasquea la lengua, mirando a Sharrkan de nuevo.
—Somad no perderá el
tie...
—C-Creo que será
mejor que me vaya—La voz que se escucha por primera vez, es la que
impide que la maga siga hablando. Esa una voz dulce, apagada y tímida
que incluso le llega a sorprender a Sharrkan. Yamuraiha deja salir un
suspiro cansado, mirando a Somad con preocupación pero a la vez con
pesadez. Y en el rostro de Sharrkan se dibuja una sonrisa divertida,
traviesa y victoriosa. Porque, para él, había ganado—. Nos vemos
mañana, Yamu...
Yamuraiha asiente
débilmente con la cabeza, mirándole con cierta tristeza que pocas
veces puede llegar a verse en su rostro. Normalmente sonriente o
enfadada, no muchos han visto a la maga triste. Decide despedirse,
haciendo un leve movimiento con las manos y recuperando la sonrisa
poco a poco. El chico le devuelve la sonrisa, una sonrisa tierna que
Yamuraiha no suele ver en el ambiente que le rodea, pero le da la
espalda y se va. Eso último se lo han hecho varias veces, se lo han
hecho enemigos y amigos, se lo ha hecho Sharrkan y se lo ha hecho
Aladdin, también Sinbad e incluso Ja'ffar, que es amable con
todos... a su manera. Se lo han hecho muchas veces, y aún le duele.
Suspira, mirando a
Sinbad y a Ja'ffar segundos después, les mira a ellos para no mirar
a Sharrkan y enfadarse; no enfadarse más.
—Bueno... ya le
conoceremos otro día—Sinbad sonríe, intentando calmar el ambiente
entre la maga y el espadachín. Sonríe porque es su trabajo como
Rey.
—Sí, otro día será.
Otro día—Repitió, mirando a Sinbad—. Ahora tienes papeles de
los que ocuparte—Y como siempre, Ja'ffay tiene los brazos guardados
bajo las mangas de su túnica. Su mirada severa se vuelve algo más
calmada, pero sigue insistiéndole a través de los ojos y diferentes
gestos que sabe que Sin va a notar, que tiene que ir a ocuparse de
sus cosas.
El rey asiente con la
cabeza, con tono cansino, pesado, no del todo conforme con atender a
sus responsabilidades. Y se le nota. Se le nota en la cara y en las
facciones masculinas que su rostro ha ido adoptando al largo de los
años. Un rostro joven y energético, pero viejo a la vez, un rostro
que al verlo sabes que ha hecho algo muy importante y que carga
muchas cosas a la espalda. Todo eso y más, cuando no está borracho.
Y es cuestión de
segundos que Sharrkan y Yamuraiha se queden solos, en un profundo
silencio que aparentemente nadie quiere romper. Pasa un minuto,
quizás dos... o tres, cuatro, ni la maga ni el espadachín están en
condiciones de contarlos y tampoco les interesa. Pero es Sharrkan
quien acaba rompiendo el silencio, sintiendo como después de mucho
tiempo se ponía nervioso al quedarse a solas con alguien, y más en
silencio. Logra llamar la atención de la maga soltando una risita
arrogante y encogiéndose de hombros, arqueando ligeramente los
párpados inferiores con una sonrisa traviesa, incluso piadosa.
—Ya sabíamos de tus
malos gustos, Yamuraiha—No obvió lo obvio; la maga sabía que se
refería a que ella hubiese cogido el camino de la magia. No piensa
que sea necesario mencionarlo. Y sí, Sharrkan piensa—, pero no
sabía que ese tipo de chico era tu ideal.
Ups.
Yamuraiha sabe cómo es
Sharrkan, y por eso mismo se aguanta a ella misma en sus discusiones.
Ahora mismo, aprieta los dedos envolviendo con fuerza su bastón, ese
trozo de madera que le ayuda a crear magia. Aprieta las manos en su
alrededor porque no quiere, no quiere, pegarle un bastonazo a
Sharrkan. Por increíble que suene, no quiere.
—¿Hablas de malos
gustos sabiendo dónde pasas las noches, Sharrkan?—Sonríe,
intentando que parezca real o al menos que el espadachín piense que
le quiere joder de verdad. Sí, claro, por supuesto; él puede pasar
noches con señoritas de compañía, y ella no puede tener pareja—.
Lo que tú haces es tonto, rastrero... sucio, eso. ¿Y yo no puedo
estar feliz por qué le intereso a alguien?—Suspira, apoyando su
bastón en el suelo y agachando ligeramente la cabeza. Pero al rato
vuelve a levantarla, mirando fijamente a Sharrkan—Yo también
merezco ser feliz. Creo.
—No con ese—Sharrkan
responde rápido, rapidísimo, pro en un tono de voz en el cual la
maga no logra escucharle. Un susurro que no suele salir de sus
labios. Evita el contacto directo con la maga, ladeando la cabeza a
un lugar cualquiera, que no fuera ella.
Yamuraiha frunce el
ceño, acercándose más a él con la duda pintada en el rostro y en
sus gestos.
—¿Qué has dicho?
—Nada.
La maga resopla,
alejándose porque entiende que en ese momento Sharrkan no la quiere
tan cerca. Resopla porque no le entiende, y por que está cansada de
no hacerlo. Resopla porque Sharrkan no tiene remedio.
—Sharrkan, eres
idiota.
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