martes, 24 de septiembre de 2013

Frenesí

Yooo~! 

Hace tanto que no subo nada, omfg. Lo último que subí fue cuando me vi No.6 y empecé a comerme la cabeza con el ending, cuando me entraron los feels... y eso eso ha pasado bastante. 
Bueno.... esto es.... nada, exactamente. Si buscáis alguna ship del anime de Kurobasu, esto no lo es. Bueno, es una ship, pero no del anime. So, nothing. Es un simple "regalo" a una amiga, originalmente con el fin de joderla un poquito con el negro.... pero creo que no será así, así que me jode el plan. Mizzu, cuando leas esto, que te peten <3. 
De todos modos, no me salió para nada lo que quería, pero es que es muy fácil caer en los malos sentimientos (tristeza, enfado...) al escribir sobre Aomine, sumando que llevo tiempo sin escribir y akjfhlaskfsa c':. 

En fin....

Título: Frenesí
Anime: Kuroko no basket (kurobasu en etiquetas)
IT'S HETERO, BABY.
Palabras: 824
Disclaimer: Obviamente, Kurobasu no me pertenece, todo lo que el anime/manga engloba es de... Tadatoshi Fujimaki. Y Mizzu, bueno, ella le pertenece a su madre... y a mí, but sh. 
Comentario: Sobre el título del... coso, digamos: "Frenesí". No puedo explicar del todo la razón del título, pero por alguna razón, la definición de "frenesí" me hace recordar al antiguo Aomine, mirándolo por el lado de "violenta exaltación de una pasión o sentimiento". Por parte de Mizzu, la palabra "frenesí" se aplicaría a sus sentimientos (es obvio que hablamos de sentimientos de amor por el negro pls): de un modo u otro, Aomine le vuelve loca. Y, aún así, quiere y lucha por estar por él. En cualquier caso, es una simple aclaración, soy mala poniendo títulos. 


—¡Aomine-kun!—canturreó Mizzu, acercándose a Aomine mientras jugaba con la pelota de baloncesto. Intentaba incitarle, pero sabía que tampoco había falta mucho esfuerzo de su parte para que el otro cogiera la pelota e hiciera unas cuantas canastas.
Aun así, que "marcara unas cuantas canastas" no era lo mismo que "disfrutara del juego".
—¿Huh?—Ladeó un poco el rostro, arqueando una ceja. Cerró la revista de trajes de baño que estaba ojeando y la lanzó al suelo, sin darle la más mínima importancia a esas chicas con poca ropa. Se volteó hacia Mizzu y atrapó la pelota cuando ella se la pasó, sin el menor problema. Era Aomine. Aomine Daiki—¿Qué quieres, Mizzu?
Mizzu suspiró, negando con la cabeza. Se acercó a la revista y se agachó para recogerla. Miró la portada y notó como se iba avergonzando, pero luego soltó una risita, restándole importancia. Caminó hasta la mochila de Aomine y guardó la revista dentro—¿No es obvio...?—Preguntó, girándose hacia Aomine. Sonrió, medio inocentemente, medio retándole. No hacía falta que dijera mucho más.
Su sonrisa se ensanchó al ver como "el negro" frunció el ceño, con pereza y resignación, mientras ponía los brazos en jarra y volvía a dirigir la vista hacia la pelota, despreocupadamente. Pelota que había dejado caer al suelo poco después. Llevó el pie izquierdo sobre la pelota, y miró a Mizzu, dejando salir un suspiro.
—Tengo hambre—Murmuró—. Si me das algo de comer, COMESTIBLE, gracias, jugaré contigo—Sonrió. No era por ningún motivo en especial, solamente que, tratar a Mizzu como si fuera una niña, como una simple enana, era divertido. Demasiado. Y por eso simplemente le salía solo.
Mizzu se quedó en silencio unos segundos. ¿Estaba hablando con ella? Wao.
—Ya sabes lo buena cocinera que soy, Aomine-kun...—Se encogió de hombros, como diciéndole que, si le ocurría algo o le daba un virus de estómago, no se sentiría ni sería culpable—. Suicida.
Esta vez, quien hizo unos segundos de silencio fue Aomine. Se quedó mirando a Mizzu, sin mediar palabra, hasta que soltó una risita socarrona.
—¿En serio piensas que quiero que TÚ me cocines?
—Muchas gracias por tu apoyo—Resopló, mientras se acomodaba la falda del uniforme. Eso de no tener reparo en decir cualquier cosa, a veces era muy muy cruel.
—De nada—Sonrió, divertido—. Si te consuela, cocinas igual de bien que Momoi. Pero... podrías ir a buscar a Sakurai—Era una simple idea. Pero sabía que a Mizzu no le sentaría del todo bien.
Y, tal como pensaba Aomine, pareció molestarle ligeramente. Mizzu chasqueó la lengua, metiéndose las manos en los bolsillos de su chaqueta de la academia Kaijou. Había venido de visita, para ver cómo estaba su amigo, y a Aomine no se le ocurría otra cosa que mandarle a buscar a un compañero que solamente había visto en los partidos, en un recinto que no conocía de nada, y en el que sabía que acabaría perdiéndose.
Mizzu cruzó los brazos debajo de su pecho, alzando ligeramente la cabeza.
—No pienso ir a buscar a ese enano—Murmuró, cortante, haciéndose la enfadada.
Aomine resopló, acercándose a Mizzu y acariciando su cabello, con molestia. Levantó la mano, y se curzó de brazos también. Levantó la vista, visualizando a Sakurai.
—Mide 1'75, si mal no recuerdo—Ladeó un poco el rostro mirando a Mizzu, como pensando. Mejor dicho: recordando—. ¿Tú medias alrededor de esa altura, no?
Mizzu asintió con la cabeza, con desgana. Se removió un poco, ajustándose la falda del uniforme.
Clavó su mirada al suelo.
—Pero…—Levantó un poco la vista, mirando a Aomine. Sintió una sacudida en el pecho cuando él le devolvió la mirada. Su afilada mirada—Yo no quiero irme de aquí.
Aomine hizo silencio unos segundos, minutos, el tiempo que fuese. Llevó el brazo derecho a su propia nuca, acariciándose su morena piel y las puntas de su cabello azul oscuro, mientras miraba a Mizzu, cansinamente.
—Tch… puedes quedarte, supongo—Murmuró, encogiéndose de hombros, mientras se agachaba y volvía a agarrar la pelota—. Harás lo que quieras, de todos modos.
Aomine lanzó la pelota a canasta, no cambiando ni un centímetro de su posición, y encestó. Miró la pelota sin el más mínimo atisbo de emoción. Y eso le dolió a Mizzu.
Aomine... Bueno, Aomine era Aomine. Pero no el Aomine del que se había enamorado, pero, aun así, seguía loca por él. Su perfecto baloncesto, sus canastas, su violenta tranquilidad en la cancha. Su expresión. Esa expresión que hacía que se te erizara el vello de los brazos. Esa expresión que te obligaba a seguir mirándole.
Su perfecto baloncesto.
Y ella estaría siempre ahí, como una tonta, sufriendo y luchando por ver de nuevo esa preciosa sonrisa cuando metía una canasta. Cuando, en vez de actuar como si fuese una cosa normal, lo celebraba.
Cuando Aomine era invencible, pero era su invencible.

El único que puede vencerme, soy yo mismo. 

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